Vampire Chronicles


 
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 Las Tradiciones

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Joshua
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Mensajes : 1455

MensajeTema: Las Tradiciones    Lun Abr 04, 2011 12:46 am

LAS TRADICIONES


Todo vampiro que reside en una ciudad gobernada por un príncipe debe aceptar ciertas responsabilidades a cambio de los privilegios de la seguridad y la estabilidad.

Son reglas casi universales y se les conoce con nombre gentil de las Seis Tradiciones, aunque no son precisamente amables sugerencias.

Para los vampiros de la Camarilla y los príncipes que las siguen, son la ley. Un Vástago puede tener la seguridad de que allí donde viaje las tradiciones tendrán fuerza. Quizás sean interpretadas de otra forma, pero no faltarán. Es mediante la imposición de estas leyes y a través de las leyes mismas como los príncipes reciben gran parte de su poder. Obviamente los príncipes están entre los más celosos guardianes de las tradiciones.

Es típico de la Camarilla que un Sire recite las Tradiciones a su chiquillo antes de que éste sea reconocido como neonato. Algunos príncipes celebran estos momento con grandes fiestas y otros ni si quiera se molestan en el tema.

Algunos vampiros creen que fue el mismo Caín quien creó las Tradiciones al Abrazar a sus chiquillos, y que lo que siguen los vampiros modernos son las ordenes de su progenitor a sus descendientes. Otros, en cambio, opinan que los Antediluvianos las desarrollaron para mantener controlados a sus chiquillos, o que eran simplemente un conjunto de ideas de sentido común mantenidas a lo largo de los milenios porque funcionaban.

Los vampiros del Sabbat se burlan de estas tradiciones. Ello es una de las principales motivaciones tras sus constantes ataques contra las viejas estructuras de poder.

LA PRIMERA TRADICION
La Mascarada


No revelarás tu verdadera naturaleza a los que no sean de la Sangre. De hacerlo así renunciarías a tus derechos de sangre.



LA SEGUNDA TRADICION
El Dominio


Tu dominio es tu propia responsabilidad. Todos los demás te deben respeto mientras se encuentren en él. Nadie puede desafiar tu palabra en tu dominio.



LA TERCERA TRADICION
La Progenie


Sólo Abrazaras a otro con el permiso de tu antiguo. Si creas a otro sin permiso, tanto tú como tu progenie seréis ejecutados.



LA CUARTA TRADICION
La Responsabilidad


Aquellos a los que creas son tus propios chiquillos. Hasta que liberes a tu progenie, estaran a tus ordenes en todo y sus pecados seran tu carga.



LA QUINTA TRADICION
La Hospitalidad


Honra el dominio ajeno. Cuando llegues a una ciudad extraña deberas presentarte ante quien la gobierne. Sin su aceptación, no eres nada.



LA SEXTA TRADICION
La Eliminación


Tienes prohibido destruir a otro de tu especie. El derecho de inmolación corresponde sólo a tu antiguo. Sólo los mas antiguos podrán declarar la Caza de Sangre.


_____________________________________________



La Tradición de la Mascarada

Esta tradición se ha convertido en la base de la moderna sociedad vampirica y la ley que oculta a los vampiros de los ojos mortales. Revelar la existencia de los Vástagos a los humanos sería desastroso para ambas especies. Aunque la mayoría de la gente no cree en los vampiros, quedan los suficientes como para poner en peligro a toda la Estirpe. En las noches de antaño, durante la edad Oscura y otras épocas más supersticiosas, esta Tradición no se imponía tan estrictamente y los vampiros vagaban sin preocuparse tanto de no ser vistos. Sin embargo la Inquisición lo cambió todo, pues los vampiros descubiertos fueron ejecutados y torturados para que revelasen sus secretos. Aunque los jóvenes puedan considerar la Inquisición historia pasada, está todavía muy fresca en las mentes de los antiguos que sobrevivieron a ella. Es uno de los mayores puntos de desacuerdo entre la Camarilla y el Sabbat: El Sabbat no ve necesidad de ocultarse del débil ganado, mientras que la Camarilla está convencida de lo contrario.

Una violación de la Mascarada es el peor crimen que puede cometer un Vampiro, además de uno de los más fáciles de simular para un príncipe que quiera actuar contra un enemigo. Según lo estricto que sea el príncipe con el mantenimiento de esta Tradición cualquier cosa puede consistir una infracción, desde usar poderes vampiricos en público hasta tener amigos humanos.

Para quitarse de encima su inmortal aburrimiento, varios vampiros fuerzan la Mascarada cuanto pueden, divirtiéndose con el placer prohibido que pone sus no-vidas en peligro. El mundo ha reconocido los méritos de muchos artistas, escritores, músicos, modelos, actores y diseñadores de moda que, ignorándolo el populacho, eran vampiros. Por supuesto, muchos de ellos tuvieron abruptos finales al decidir otros Vástagos que su existencia amenazaba a los hijos de Caín.

La Mascarada es un peligroso equilibrio; irónicamente, los antiguos que más la respaldan son a veces su única amenaza (aunque indirectamente y sin saberlo). Una historia apócrifa habla de una pareja de cazadores de vampiros (un nuevo recluta y su patrón) de vigilancia de un club nocturno. El patrón dijo a su subalterno: “Hay un vampiro en el local. Encuéntralo.”, y éste señalo de inmediato al pálido y delgado caballero vestido con terciopelo y brocados a la moda del siglo XVIII. Seguro que era el vampiro, un enviado Ventrue de una ciudad vecina.





La Tradición del Dominio

Antaño, los vampiros hacían valer sus derechos sobre áreas especificas para usarlas como cotos de caza o bases de poder, o porque querían cuidar de ellas. Esta Tradición se usó entonces para imponer la idea del “dominio”: un vampiro podía matar a otro que lo hubiese violado. A lo largo de los siglos los cambios sociales lo hicieron inaceptable. Durante los últimos 200 años (mas o menos) una región o ciudad gobernada por un príncipe pasaba a convertirse en su dominio, al menos en teoría. La verdad es que un grupo de vampiros mantiene el dominio, muchas veces por el peso de la costumbre (“Las cloacas han sido siempre el dominio de los Nosferatu” o “El banco ha sido gobernado por un Ventrue desde su fundación”). Por supuesto, en las noches modernas, con ciudades que albergan poblaciones vampiricas de 30, 50 incluso 100 y quizás más vampiros, hay que hacer concesiones. Por tanto, muchos cazan donde quieren en los cotos comunales de los bares, teatros y discotecas, conocidos colectivamente como “la Zona” en el argot vampirico.

Los Vástagos más jóvenes (y algunos de los viejos) intentan con frecuencia conservar pequeños territorios, protegiéndolos y usándolos como sus comedores privados. Algunos anarquistas afirman que estos minifeudos son recompensas del príncipe a sus perros fieles. Es incorrecto: Los Vástagos que mantienen sus pequeños cotos están violando la Segunda Tradición, y el príncipe no tiene por qué tolerarlo. No obstante, suele hacer caso omiso de estas infracciones en pro de la utilidad; hay preocupaciones más importantes que perseguir a todos los modestos aprendices de anarquistas que reclaman su propio feudo. Se puede asignar la custodia de ciertas áreas a aliados de confianza y otorgarles algunos privilegios por su tarea, pero fin de cuentas el príncipe tiene el dominio sobre toda la ciudad. Esto le permite mantener el orden, pues puede, de acuerdo con la Segunda Tradición, castigar a los intrusos con impunidad.

Para los vampiros solitarios o los grupos pequeños en busca de territorio, el dominio tiene un inmenso valor, aun que se trate de un yermo urbano. Pocos príncipes otorgan territorio, pero a veces toleran a los “ocupas”, siempre que éstos le respalden y cumplan la ley. El inconveniente de esta práctica es la posibilidad de conflictos territoriales entre bandas de anarquistas y cuadrillas, que pueden extenderse al mundo mortal y amenazar la Mascarada. Algunos príncipes han llegado hasta el extremo de fomentar el conflicto, sin preocuparse por los peligros, para lanzar a los elementos más revoltosos unos contra otros y desviar su atención.

Cada Vástago puede, como mínimo, reclamar el dominio sobre su refugio, responsabilizándose de la actividad en la zona y sus alrededores. Algunos asumen un papel activo en su entorno para asegurar su protección, mientras que otros se conforman con la habitación donde puedan resguardarse del sol, olvidándose de todo lo demás.

La cuestión de qué es exactamente el dominio se debate todas las noches. ¿Se refiere al territorio físico y sus consideraciones (como cazar y refugiarse) u otorga acceso e influencia sobre las esferas mortales que abarca? La mayoría de los príncipes argumenta que el dominio es estrictamente físico, pero se percatan sagazmente de que la influencia sobre los asuntos mortales viene dada por el territorio. Un vampiro que tenga su dominio en los muelles no podrá evitar verse envuelto en los asuntos mortales de embarques y sindicatos, aunque sólo sea para mantener seguro su refugio (después de todo, una huelga podría ser muy inoportuna, sobre todo si su puerta está al otro lado de los piquetes). Muy pocos vampiros reclaman dominios que abarcan a mortales a los que no puedan afectar de alguna forma, lo que puede ser a la vez una ayuda y un dolor de cabeza para los príncipes. No obstante, un príncipe se siente inclinado a intervenir cuando el poder que un vampiro en particular recibe de su dominio amenaza con eclipsar el suyo propio.

A medida que avanzan las noches y las profecías de la Gehena impregnan la sociedad vampirica, más y más Vástagos fortifican sus dominios Individuales, atrincherándose a pesar de las prohibiciones del príncipe. Sólo de esta forma razonan estas paranoicas criaturas, tendrán oportunidad de sobrevivir a la Yihad.




La Tradición de la Progenie


Muchos príncipes insisten en ser el “antiguo” mencionado por esta Tradición, requiriendo que cualquier vampiro que desee crear un chiquillo les pida permiso antes. La mayoría obedece más por miedo que por respeto; después de todo, la no vida de un chiquillo está en juego. Si éste ha sido creado sin autorización el príncipe puede reclamarlo para su progenie, expulsar de la ciudad al sire y a su bastardo o ejecutarlos directamente. A discreción del príncipe, los chiquillos creados y abandonados sin haber recibido instrucción pueden ser “adoptados” por otros vampiros, que asumirán la responsabilidad sobre ellos como si fueran sus sires. La Camarilla reconoce el derecho del príncipe a restringir la creación, por miedo a la superpoblación. De hecho, la secta ésta tan preocupada por el tema que, en un reciente cónclave, sus líderes resucitaron la institución del azote. Los Azote patrullan los dominios del príncipe, expulsando o destruyendo a los vampiros creados sin permiso.

En el viejo mundo, esta Tradición tiene diversos corolarios. Antes de crear progenie hay que consultar al propio Sire, así como al príncipe en cuyo dominio se tiene el refugio. Los Vástagos Europeos se distinguen por su completa intolerancia ante las infracciones de esta Tradición. No tener el permiso de alguno de estos Vástagos puede ocasionar la ejecución inmediata del chiquillo, y posiblemente también la del sire. La falta de respeto y consideración puede ser apropiada para la chusma americana, pero desde luego no encaja en el Viejo Mundo.



La Tradición de la Responsabilidad


Si un vampiro crea un chiquillo se responsabiliza de él, del mismo modo que un padre mortal con su hijo. Si el neonato no puede sobrellevar las cargas del vampirismo, el sire debe ocuparse del problema de una u otra forma. Si el chiquillo amenaza la Mascarada, ya sea por ignorancia o por malicia, el sire debe impedirlo. Tiene el deber de asegurarse de que aprenda las Tradiciones y las responsabilidades inherentes, y de que tras su liberación no constituya una amenaza para si mismo o para la Mascarada. También es responsable de proteger al chiquillo. El príncipe no está obligado a reconocer a un neonato, y los demás vampiros pueden matarlo o alimentarse de él con impunidad.

Antes de Abrazar a alguien, un vampiro prudente evalúa la madurez de su futura progenie ¿Será capaz de soportar los cambios en su cuerpo y su alma? ¿Comprenderá lo que se pide de él cuando se le reciten las Tradiciones? Ningún sire desea ser responsable de su chiquillo para siempre (aunque los periodos prolongados en esta condición no son desconocidos), pero liberar a un neonato antes de tiempo es cortejar a la destrucción.

La liberación suele incluir la presentación ante el príncipe local. Éste puede pedir al chiquillo que recite las Tradiciones o que demuestre de alguna otra forma que las ha aprendido. Si el príncipe no acepta al neonato (por la razón que sea), éste deberá encontrar otra ciudad. A veces el sire debe presentar al chiquillo ante su propio sire, pero no siempre es así.

Tras la liberación se permite al nuevo vampiro vivir en la ciudad con plenitud de derechos, de acuerdo con la ley del príncipe y las Tradiciones. La liberación se considera un importante rito de iniciación, similar a la mayoría de edad entre los mortales, pues a partir de entonces el neonato es responsable de sus actos. Será observado cuidadosamente a los largo de los meses siguientes; sus actos determinarán si se le considera un “adulto” y si se le trata como tal.



La Tradición de la Hospitalidad


Algunos la llaman la Tradición de la “urbanidad”: llamar antes de entrar. Esto se hacía antes incluso de que los príncipes gobernasen las ciudades, y siguen en vigor aunque sólo haya otro Vástago en el dominio. Para decirlo sencillamente un vampiro que viaje en una nueva ciudad debe presentarse ante el príncipe u otro antiguo al mando. El proceso puede ser aterradoramente formal, con el príncipe pidiendo alguna prueba de la posición política y linaje del recién llegado, o tan relajado como un encuentro en el Elíseo. Algunos príncipes exigen que sus huéspedes anuncien su llegada de inmediato, mientras que otros aceptan presentaciones semanalmente o en el plazo de un mes lunar. Hay gobernantes muy liberales que incluso permiten ir y venir a sus visitantes sin anunciarse, requiriendo sólo que lo hagan si van a establecerse permanentemente en la ciudad.

Los que optan por no presentarse corren un grave riesgo. Si una ciudad se esta enfrentando a la Yihad, el recién llegado puede ser tomado por un enemigo. Un príncipe puede invocar la Segunda Tradición para castigar con impunidad a un vampiro que no se haya presentado. Por la Quinta Tradicion, nadie discute el derecho del príncipe a cuestionar a todo el que entra en su dominio, aunque su poder para expulsarlo pueda fallar en ocasiones. El príncipe también tiene derecho a negar la entrada a cualquiera, particularmente en el caso de los recién llegados precedidos por su mala reputación, o que arrastren un pesado equipaje en forma de cazas de sangre, enemigos u otras amenazas potenciales para la ciudad y la Mascarada.

Estas negativas individuales se han hecho muy comunes en las noches modernas, pues los príncipes se vuelven paranoicos y xenófobos ante la inminente Gehena. Algunos, cuando se encuentran con un grupo de visitantes de la Estirpe, permiten la entrada a ciertos miembros de la cuadrilla mientras se la niegan a otros, razonando que si el grupo tiene algún propósito siniestro su potencial dañino quedará reducido con su numero. Ciertos Vástagos notables pueden no ser bienvenidos en algunas ciudades mientras sus compañeros son aceptados sin reservas.
No todos los vampiros optan por presentarse. Los Inconnu, Matusalenes e incluso algunos antiguos se niegan a hacerlo alegando que no reconocen los derechos y la autoridad del príncipe sobre ellos, aunque estén en su dominio. Los Vampiros de clanes independientes (como los Ravnos o los Giovanni) pueden preferir no tener al príncipe vigilándose constantemente. Autarcas y anarquistas se limitan a burlarse de la autoridad, no son parte de la fiesta, asi que ¿Por qué molestarse en llamar? Por último, los vampiros abandonados tras el Abrazo sin recibir instrucción (un fenómeno cada vez mas común) pueden no estar al tanto de la necesidad.



La Tradición de la Destrucción


Esta tradición es quizás la que más se presta a abusos, por lo que se ha convertido en el aspecto más controvertido del código de Caín. Pocas leyes han causado tantos debates en los salones de poder, y está bajo continua reinterpretación.

Muchos creen que el sentido original le daba al sire derecho de destrucción sobre su progenie (lo que está respaldado por la ley de la Estirpe). No obstante, si se interpreta “antiguo” como “príncipe” la Tradición cubre su significado moderno, que muchos príncipes apoyan encantados: solo el máximo dirigente de una ciudad puede ordenar la destrucción de otro Vástago. La Camarilla apoya esta práctica por la seguridad adicional que proporciona al reinado del príncipe. Es un derecho al que se aferran muchos de ellos y que ejercitan con toda la brutalidad que sea necesaria.

El asesinato de otro Vástago sin estar respaldado por el Derecho de Destrucción es intolerable. Si un vampiro es atrapado en el acto suele ser ejecutado. La investigación del crimen es normalmente rápida y directa, aunque la posición de la Víctima tiene algún Impacto sobre la misma: por lo general, cuanto más elevada es más rápido se investiga. Aunque el asesinato de dos neonatos puede causar consternación en la comunidad, sería necesario que muriese un antiguo para que las ruedas girasen con rapidez. Algunos ancillae se toman esto como un permiso para matar a los anarquistas. Es una presunción peligrosa; el príncipe puede, como mínimo, ordenar la ejecución del asesino por intentar usurpar su derecho otorgado por la Tradición.

Los disturbios en las calles se consideran como una de las mejores coberturas para asesinar a otros vampiros, pero el castigo para los culpables sigue siendo severo. La única ocasión en la que un vampiro de rango inferior al de antiguo está autorizado a matar a otro es durante las cazas de sangre.






La Lextalionis




La antigua ley de “ojo por ojo, diente por diente” es tan cierta para los Vástagos como para el ganado. El precepto es sencillo: los que violan las leyes son ejecutados. Un vampiro que infrinja las Tradiciones y provoque la ira de los antiguos será perseguido y destruido. Se espera de todos los que oigan la llamada que participen en el castigo. El nombre más común para esto es la caza de sangre.

Solo el vampiro más viejo de una ciudad puede convocar la caza. “Más viejo” suele entenderse la mayoría de las veces como el príncipe. Los demás antiguos o incluso los ancillae pueden convocar una cacería, pero no tendrán muchos seguidores: meterse en el terreno del príncipe no es prudente. Sólo un príncipe estúpido convocaría a una caza por razones personajes; incluso el Vástago más bajo sabe cuál es el objetivo de la caza, y un príncipe que la use sin justificación perderá el respeto de sus súbditos.

Ayudar o cobijar a la presa es una forma segura de sufrir también la persecución. Se recomienda al menos una participación nominal para sobrevivir, aunque el Vástago no esté de acuerdo con la caza o con las acusaciones. Un príncipe poderoso puede ordenar a todos los vampiros de la ciudad que participen en la cacería para no ser declarados cómplices. Este decreto se reserva para los crímenes más serios.

La caza de sangre no es como la caza del zorro inglesa, que es la imagen que acude a la mente de muchos vampiros jóvenes. Los cazadores se dispersan por la ciudad como una red para rastrear a su presa, avisando cuando está a la vista. Como en todos los asuntos de los vampiros se observa la Mascarada, y los mortales raramente se dan cuenta de que ocurre algo a su alrededor, salvo quizá por algún extraño incidente que olvidarán o leerán en el periódico por la mañana. La influencia en el mundo mortal entra en juego muchas veces: La presa puede descubrir que todas las líneas aéreas tienen sus vuelos al completo, que hay una orden de busca y captura contra ella, que cazadores de brujas al servicio de la Iglesia están tras su `pista, que sus cuentas bancarias han sido bloqueadas, etc. Peor aún, cada vez mas príncipes recurren a rastreadores Assamitas ajenos al dominio, usándolos como sabuesos vampíricos.

La aza de sangre no se declara a la ligera, aunque ha habido más en la última década que en siglos enteros. La Camarilla se reserva el derecho a examinar el juicio del príncipe en un cónclave, evaluando las pruebas a favor y en contra del acusado. La amenaza de un cónclave ha sido determinante para impedir la declaración de alguna caza de sangre. Es raro que un príncipe que resulte haber declarado una caza sin motivo sufra castigo formal (a menos que lo haya convertido en un hábito), pero pierde mucho prestigio. Por desgracia, aunque el acusado sea encontrado inocente los hechos suelen estar consumados, y la costumbre dicta que cuando se declare a una caza de sangre no puede ser detenida.

Una presa puede intentar huir de la ciudad y buscar un nuevo refugio, una opción ofrecida ocasionalmente por los príncipes que se ven forzados a exiliar a alguien en nombre de la estabilidad o cuando la ofensa no merece la muerte. No obstante, por tradición la caza se mantiene en vigor en esa ciudad, no importa quien la gobierne en el futuro. La presa no debe volver a menos que quiera cortejar a la Muerte Definitiva.

Por lo general, las cazas de sangre son asuntos locales. En el caso de crímenes verdaderamente horrendos se comunica a otras ciudades, pidiendo que la caza se extienda también a ellas. Los Vástagos que hayan cometido algún crimen que afecte a la Camarilla en general (como una espectacular violación de la Mascarada en la televisión nacional) son un ejemplo.





Elíseo


Aunque muchos de los vampiros más jóvenes consideran la tradición del Elíseo una costumbre engorrosa y anticuada, es una de las mas honradas por la Estirpe. Un príncipe puede declarar partes de su dominio como Elíseo, zonas libres de violencia. Es aquí donde acuden muchos vampiros para pasar las noches, debatiendo, politiqueando y dedicándose a la intriga durante horas. También es donde se resuelven los asuntos vampíricos de la ciudad y casi cualquier vampiro tendrá la ocasión de visitarlo, aunque sólo sea para hablar con el príncipe o con un antiguo. Es el terreno de los Vástagos más poderosos, y se espera de los jóvenes que lo tengan presente.

Se dice que el Elíseo esta bajo la “Pax Vampírica”, lo que significa que no se permite la violencia de ningún tipo y que es territorio neutral. Aunque los temperamentos pueden encenderse y es posible que se intercambien palabras fuertes, se espera de los rivales que se contengan. Cuando las disculpas no funcionan se muestra la puerta a los transgresores, pidiéndoles que se corrijan su comportamiento. Si las cosas se descontrolan, el príncipe puede castigar a los infractores invocando la Primera Tradición.

Muchas áreas del Elíseo tienden a ser el escenario empresas artísticas o intelectuales, como teatros, museos, galerías, universidades y similares. A veces, clubes nocturnos o incluso los refugios de ciertos Vástagos son declarados Eliseo. Se espera de todos los visitantes un mínimo de buenas maneras y una vestimenta adecuada, aunque sólo sea en atención a la Mascarada.

Las reglas del Elíseo son sencillas:

1) No se permite la violencia.
Muchos príncipes llevan esto un paso más adelante y exigen que nadie lleve armas, para privar de medios rápidos a los temperamentos excitables.

2) Ninguna obra de arte será destruida, bajo pena de muerte definitiva.
Arte se ha expandido hasta abarcar al artista, haciendo al clan Toreador uno de los mayores partidarios del Elíseo.

3) El Eliseo es territorio Neutral.
En relación a la regla 1; no obstante, lo que ocurra fuera del Elíseo es otra cosa y el neonato advenedizo que insulte al príncipe en el Elíseo deberá contar con un medio fiable de transporte.

4) La Mascarada sigue vigente.
Lo que afecta a asuntos como la entrada y salida, la caza y las discusiones acaloradas.

También se considera una incorrección presentarse hambriento en el Elíseo. Aunque a veces hay “aperitivos” preparados no siempre ocurre así, y cazar en este territorio puede despertar sospechas. Si alguien lleva un invitado es responsable de su comportamiento.



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